La Oración como signo de unión familiar en la virtualidad

Espiritualidad Afro Otros

Angustia, es no tener pa la comida … recuerdo que en la cuarentena por la pandemia del covid-19 era muy difícil salir a conseguir algo de plata, lo más duro es uno ver a sus hijos aguantando hambre; para qué uno los trae al mundo si es para que pasen trabajo, y como si fuera poco el dueño de la piezita donde vivimos nos quería sacar a la calle porque le debía cuatro meses de arriendo, del desespero un día me le iba a tirar a un carro: salí a la calle principal, no supe cuanto tiempo estuve esperando pero fue bastante … y no paso ni uno, así que me fui caminando hasta la avenida y cuando ya iba a llegar me encontré con la vecina que venía con un mercado. Me dijo, amiga ¿usted tiene pa la comida? Le dije, no, y ya no se que más hacer porque esos muchachos se van a morir de hambre, yo le contaba y se me salían las lagrimas, ahora lo pienso y eso no se lo deseo nadie, yo me quería morir.

Durante la pandemia muchas familias sacaban pañuelos rojos para indicar que necesitaban asistencia con alimentos.

La vecina entonces me dice …. ¡amiga! Yo se que estamos pasando por tiempos duros pero no pierda la fe, pídale a Dios que nos de paciencia y nos provea. Él no nos desampara. ¡Mire, es más! vamos a mi casa, yo le doy algo de estas cositas que me entregaron, no es mucho pero al menos pa que se sostengan unos días. Me fui con ella y me regaló unas libritas de arroz, lentejas, frijol, pastas, hasta atún, ¡ay! yo no lo podía creer. ¡Vecina! ¿cómo se lo pago? le dije ,ella me contestó: ore por mí, es más, la invito para que se conecte a las misas virtuales que esta realizando la Pastoral Afro por internet: nos conectamos a las 6 de la mañana, usted envía sus intenciones, Dios las escucha y nos manda la bendición, ahora que no podemos ir a la iglesia, esta es la única manera que yo puedo estar en una eucaristía.

Le pedí internet al vecino de al lado y al otro día me conecté. ¡Muy bonita la experiencia! y me empecé a conectar todos los días, eso había gente de Cali, Buenaventura, de Jamundí, de Güapi, Villa Rica, Bogotá, de muchas partes, hasta había una señora que es de mi pueblo Timbiquí y que ahora vive en Medellín: un día cuando terminó la misa la saludé, yo no pensaba que me la fuera encontrar, eso hay gente hasta de Panamá, de allá hay unas familias que cantan la misa por ahí, con sus tambores y sus instrumentos así como en mi pueblo, un día cantaron unas hermanas que estaban en el Ecuador, ¡Muy bonito! ha, y otro día, la familia de uno de los padres desde Kenia, África también cantaron, y con su idioma que uno no les entiende pero por los bailes y el ritmo, uno se emociona mucho. Yo no se, pero cuando uno se levanta temprano a pedirle a Dios y sobre todo a agradecerle porque uno esta vivo, ¡Dios no lo desampara a uno!.

Llevaba como una semana de estar entrando a las misas, acababa de terminar una y veo que en la calle hay unas personas con unos mercados: estaban pasando casa por casa, llegaron a la mía, me preguntaron que cómo estaba y que si estaba trabajando; les conté mi situación, registraron mis datos y me dejaron un mercado, y vea como es la vida,  justo ese día se había acabado lo que la vecina me había regalado. Ellos se fueron y como a los dos días me llamaron y me dijeron que si les podía ayudar a cocinar almuerzos para 100 personas diarias para personas que no tienen o no les alcanza para la comida, era una olla comunitaria. Yo no les pregunté si me iban a pagar pero allá fui y les colaboré, no era tan cerca de donde vivo pero podía ir a pié, como a una media hora: yo nada más pensaba en lo duro que es no poder comer y lo afortunado que uno se siente cuando alguien le calma el hambre, eso me motivó. De los almuerzos que preparábamos nos daban de comer a todos los colaboradores y para llevarles a mis hijos. A la semana de estar allí me empezaron a pagar con todas las de la ley. Yo no lo podía creer, un día estaba yo lista para tirarme a un carro porque no tenía y en una semana me llegó la bendición, comida y trabajo: mis hijos y yo dejamos de tener hambre y pude empezar a pagar el arriendo retrasado.

Ya pasaron casi tres años y lo único que puedo decir es que, primero: no importa lo mal que la estemos pasando porque aunque uno crea que los problemas no tienen solución, Dios no nos desampara. Segundo: cuando uno esta con Dios, así las cosas se vean feas, uno tiene la confianza de que todo puede estar mejor y esa es la mejor fortaleza en los momentos difíciles, es la esperanza de un mejor futuro.

El anterior relato y sus personajes son una historia ficticia inspirada en hechos reales que describen una de las tantas situaciones difíciles ocurridas durante la pandemia por covid-19 y que obligaron a realizar un confinamiento masivo en el mundo; muchas familias nos aferramos a la oración y encontramos la unidad a través de las pantallas digitales: la catedral se hizo virtual por el internet a través de computadores y celulares. Como hermanas y hermanos de diferentes lugares del planeta iniciamos un camino de espiritualidad, de compartir la palabra, de expresar nuestras intensiones al Señor pero sobre todo, de familia: porque aún sin compartir de manera física, nuestra fe nos ha permitido conocernos porque la sabiduría del altísimo es la que nos convoca a su encuentro.

Es así como desde el 2019, hacemos un recorrido espiritual por 40 días con peregrinos de Colombia y el mundo. Al terminar los recorridos nos volvemos a encontrar los días 20 de cada mes con la misa y año tras año, repetimos, siempre sin importar donde estemos mientras tengamos conexión a internet porque al fin y al cabo la virtualidad nos une.

El 28 de agosto del 2022 culminamos el tercer recorrido por 40 días. Varios de los peregrinos nos encontramos en la parroquia Cristo Maestro de Cali para celebrar la eucaristía, celebraron los padres Venanzio Mwangi IMC y Elías Libanda IMC, concelebraron de manera virtual los padres Sterling desde Quibdó, el padre Albeiro Riascos desde Medellín y el padre Rogers Kiwango desde Argentina, con la presencia de al menos 70 peregrinos virtuales, a la parroquia asistieron al menos otros 70, rostros antes familiares solo a través de las pantallas, algunos anónimos hasta ahora, pero con una familiaridad por las tantas ocasiones que nos saludamos y oramos juntos en las misas virtuales, el abrazo de paz pudo ser en persona, sonreír de frente y sentir de manera personal el cariño de quienes pedimos por la salud y bienestar de todos. Después de la misa partimos en dos buses casi llenos hacia el Milagroso de Buga donde de nuevo celebraron los padres Venanzio Mwangi IMC y Elías Libanda IMC, en la misa campal de las 10:30 a.m. luego tuvimos tiempo de pasear, compartir, visitar al Milagroso, comer y conversar juntos.

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