Nilson propuso el "día del feo" como una forma irónica de denunciar las discriminaciones estéticas.

Lo que le cantó la Pastoral Afro Cali al alcalde y a los concejales electos

afro Eventos Santiago de Cali

El Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali invitó a la sociedad civil a “cantarle” la tabla a los nuevos mandatarios electos para la ciudad en Alcaldía y Concejo. Esperaba que viniera 10 organizaciones ¡y respondieron 34! La cita fue en la plazoleta Jairo Varela frente al CAM y se invitaron a todos los electos. Asistieron 4 _concejalas_ y, de ellas, solo _una_ escuchó a todas las organizaciones hasta el final. Fue una jornada muy diversa, llena de conocimientos y sueños para la ciudad. Les presentamos el texto de la Pastoral Afro Cali para el encuentro, fue el más afro de los discursos:

El pueblo afro en Cali necesita ser reconocido como un pueblo ¡y no es una redundancia! Cali se asumió como “la capital del Pacífico” para negarle ese lugar a Buenaventura. Se negó a sí misma su geografía, de valle interandino, para sostener un elitismo un racismo demasiado viejos. Ya es hora de que reconozca que la población del Pacífico, toda ella nuestra familia, que nos ha enriquecido en todos los términos, está lo suficiente grande y fuerte como para administrar los asuntos de la costa pacífica sin ninguna vigilancia paternalista. ¡Ni hablar, pues, de cosas peores! Es tiempo de que Cali reconozca, en todas sus dimensiones, a los consejos comunitarios que tiene en el sur: el de Playa Renaciente en Navarro, el Palenke de El Hormiguero y el de El Peón, en las montañas de Pance. Ya es hora de que los reconozca con todo, no sólo en algún gesto administrativo pequeño. Hacerlo tampoco es que el alcalde diga “sí, somos afro desde siempre, somos Pacífico porque la familia vive con nosotros, pero también porque somos valle interandino, como todas las comunidades del norte del Cauca, de Candelaria, de Palmira, de Dagua, de Yumbo”. Y es que lo somos desde antes de la colonia; hemos sido la entrada al valle del río Cauca desde la montaña y las haciendas esclavistas se aprovecharon de eso. Ahora reciben beneficios por ser monumento histórico, pero el acceso a esos monumentos, para los mismos pueblos afro que las rodean, sigue siendo difícil. ¡Como si nada hubiera cambiado desde la colonia! Que vayan, en masas de muchachas y muchachos afro a ver su historia, a que se les cuente lo que hicieron con sus ancestros y por qué esta tierra es suya y debe serlo, con títulos de propiedad y todo.

La ciudad tiene ahora su política municipal afro, años después de Bogotá y Medellín. Se demoró mucho, tal vez porque les daba miedo de que los negros se tomaran el poder político que por derecho les corresponde. No es lo mismo reconocerlos donde son poquitos a hacerlo ahí donde son más de la mitad. Y ahí vamos a una movida terrible. La Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas, CNOA, no lo pudo decir más claro: el Dane lo que hizo fue un genocidio estadístico. Sacó del censo a 1’300 mil afrodescendientes. ¡El 30%! La excusa es que la gente ya no se autorreconoce. ¡Como si las organizaciones afro fueran poquitas y se dedicaran a rascarse la panza! ¡Como si el Petronio, uno de los festivales afro más importantes del mundo no hubiera generado ningún orgullo! O, peor aún, como si las mujeres afro se dedicaran ahora a no tener hijos! Cuando son ellas uno de los pocos vestigios de amor por la vida en la niñez que quedan, aún a costo de poner en riesgo sus proyectos personales. La riqueza de su cultura las lleva a ser flexibles, a gozarse la niñez de sus hijos, bailar y cantar con ellos como no lo hacen las europeas, y ¡como toda la vida nos lo ha recomendado la Iglesia! Criar a los hijos que Dios nos da es una respuesta radical de esperanza, de alegría en la paz que nos da el Señor. Como dice el salmo 112: “No tiene miedo a las malas noticias, pues en su corazón confía en el Señor; su corazón está firme, nada teme, al final, despreciará a sus adversarios”. Y la naturaleza boyante del Pacífico es la demostración de que su cultura NO es la depredadora, no acaba con el medio ambiente, como sí lo ha hecho el egoísmo acaparador de Occidente.

La ciudad necesita tomar esa política afro, cruzarla con una revisión crítica, demandada incluso, de los resultados del Dane, y cruzarla de nuevo con los datos que le da el Sisbén. Porque el genocidio estadístico no busca otra cosa que consolidar la omisión del estado respecto a las necesidades del pueblo afro. ¡Pospuestas durante ya demasiado tiempo! El Sisbén, que también necesita corregir cantidad de omisiones, muestra la cantidad de necesidades insatisfechas de nuestra población. Ya son 26 años de la ley 70 y nuestros gobiernos todavía se niegan a titular territorios colectivos en los valles interandinos y en la llanura del Caribe. Es decir: todavía actúan como si sólo hubiera negros en la costa del Pacífico, como si sólo al borde del mar y los bosques de manglar hubieran luchado por la tierra.

Las espiritualidades afro son las que han sostenido esa lucha de forma sobrenatural. Como Iglesia necesitamos reconocer y respetar esas catolicidades nacidas con fuerte influencia africana y que todavía tienen obispos y sacerdotes que reconocerlas es “racismo al revés”. ¡Cuando son precisamente una manifestación espontánea de amor por el Señor desde pueblos que todavía luchan por su libertad! Las religiones afroamericanas, que en Cali viven de forma casi clandestina, necesitan un espacio de diálogo, de enseñanza de sus particularidades, para que nuestra gente no las confunda con cosas del demonio, como si estuviéramos en la Cartagena de los tiempos de la inquisición. Son religiones de pleno derecho y en todas partes donde son fuertes, Brasil, Cuba, sufren ataques como grupos minoritarios y, lo que es más grave, desde poblaciones que se consideran a sí mismas cristianas. La Iglesia, en sus documentos, defiende que NO quiere ver a las religiones africanas desaparecidas, nos pide que hagamos el trabajo de diferenciar lo que es ignorancia, prejuicio, de lo que ellas verdaderamente son.

Esto nos lleva a la urgente necesidad de la educación, una propia, enculturada y liberadora, como se reconoció en el V Encuentro de Pastoral Afro continental en Quibdó. No una que le diga al negro que su trabajo es el de sirviente, nada más. No, una que nos enseñe a llevar nuestros territorios a un nivel de transparencia desconocido incluso en América Latina. Para eso hay que educar a los administradores públicos en la especificidad de lo afro, en sus formas particulares de ver y vivir la multiculturalidad.

Reconocer que nuestros ancianos se están muriendo, que cada uno de ellos es una biblioteca de saberes orales, religiosos, culturales. Que necesitamos ahora mismo transmitir esos saberes a los jóvenes y a niñas y niños. Pero sin dejar de prepararlos para enfrentar una sociedad en donde los pueblos negros tienen enemigos, y enemigos poderosos. Acabamos un encuentro de conmemoración de los 71 años de la declaración de los derechos humanos en el norte del Cauca. Ahí se atacó el racismo estructural como raíz de la corrupción, de la negación de nuestros derechos, por tener todavía una cultura que niega valores y conquistas evidentes. La Cátedra Afro es todavía algo raro en la ciudad; miles de jóvenes actúan como si no supieran dónde están parados, desconocen las revueltas de esclavos que sucedieron a pocas cuadras de la plaza de Caicedo, de lo que hoy es el CAM. Comparten datos ridículamente pequeños y mal elaborados sobre Casilda Cundumí Dembele, sobre san Martín de Porres, Mandela, Luther King, Obama y la pléyade de nuestros artistas y activistas culturales afro. Niñas, niños y jóvenes afrovenezolanos necesitan ser acogidos en nuestras instituciones educativas y que se les muestren los logros y las riquezas que comparten los pueblos afro a ambos lados de la frontera. Igual que se necesita una educación seria, actual, bien informada, sobre las realidades económicas de los otros pueblos afro de las Américas y del Continente Madre, África, desconocido hasta la médula. La ciudad se está perdiendo negocios estupendos, como lo reconoce la Cámara de Comercio, por no saber ni siquiera cuál es el idioma que hablan las 54 naciones africanas. Es hora de que los niños de toda Cali puedan ver las excelentes películas infantiles hechas en Senegal, Malí, Congo, Sudáfrica…

Es por eso que respaldamos la exigencias de los jóvenes y de las organizaciones del paro. Si no fuera por la movilización social, el gobierno seguiría posponiendo la reforma del Icetex, que más parece un banco que una agencia de promoción de los estudios en el exterior. La educación nuestra necesita herramientas contundentes para influenciar de verdad las decisiones del país en materia de política exterior. Negociar sí con Estados Unidos, pero en especial con los territorios donde se comparten las luchas de los pueblos afroamericanos. Negociar con Europa, sí, pero bajo las bases de una verdadera promoción conjunta de los pueblos afroeuropeos y restituciones por la esclavización actual y los neocolonialismos.

Es toda una nueva mentalidad que necesitamos y desde hace muchos años la venimos construyendo. Estos son los tiempos para asumirla, por fin, como una realidad al alcance de nuestros pueblos, hoy y ahora.

1 comentario sobre «Lo que le cantó la Pastoral Afro Cali al alcalde y a los concejales electos»

  1. Me parece muy importante la apuesta que la Pastoral Afro realiza, ya que es necesario que desde las administraciones municipales se forjen caminos de promoción humana. Más aún, la promoción de las comunidades afrodescendientes y porque no, indígenas que hacen presencia en la sultana del Valle.

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